domingo 5 de julio de 2009

Esos locos bajitos

Adriana, 4 años
Adriana, al meterse por primera vez en una piscina en la que hacía pie, exclamó: «¡Hala, esta piscina sí que tiene suelo!».

Alejandro, 5 años
Alejandro todos los días le quitaba dinero a su padre de la cartera. Un día su padre le pilló y le preguntó: «¿Qué haces? ¿Me estás robando?». Alejandro le respondió: «No lo estoy robando, me lo estoy encontrando».

Manolín, 7 años
El padre de Manolín le hizo una sopa para cenar y le dijo «Cómetelo, que está muy rico». El niño tomó dos cucharadas y le contestó: «Papi, tú y yo tenemos gustos distintos».

Juana, 5 años
Un día Juana intentaba ponerse las zapatillas sola, y le preguntó a su madre: «¿Ésta en qué pie va?». Su madre le contestó: «En éste». Y la niña gritó: «¡El otro no me lo digas! ¡El otro no me lo digas!».

Mario, 4 años
Mario estaba hablando un día con su madre sobre lo que quería ser de mayor. Su madre le preguntó: «¿Cómo te gustaría trabajar: ¿de pie, como tu tío Javi, o sentado, como Jordi?». Mario, viendo a su abuelo en el sofá, dijo: «Tumbado, como el yayo».

Leo, 5 años
Leo, un día que estaba muy enfadado porque su madre no le hacía caso, le dijo: «¡Yo nací de tu barriga, sé todo lo que piensas!».

Eloy, 5 años
A Eloy lo estaba cuidando su tía. Cuando iban hacia casa, ella le preguntó: «Eloy, ¿tienes frío?». Y él le contestó: «No tengo ni frío ni calor, estoy del tiempo».

Jairo 3 años
Un día dijo Jairo: 'Papá, cuando sea mayor, si tengo bigote, me llamaré Paco'

Carlota 7 años
Los padres de Carlota se fueron a China de vacaciones, así que ella se quedó con su abuela. A su vuelta, lo primero que dijo Carlota nada fue: 'Ahora tenéis que tener otro niño, y así, en el siguiente viaje, nos vamos los tres y el nuevo se queda con la abuela'

Marta 4 años
Marta había oído hablar a su hermano mayor de que el hombre venía del mono, así que le preguntó a su madre: 'Tú, mamá, cuando eras mono.. ¿ya llevabas gafas?'

Tomás 6 años
Un día Tomás le preguntó a su madre: 'Si quieres ser torero, ¿el toro hay que llevarlo de casa o te lo dan allí?'

Nacho 6 años
Una mañana, cuando su madre lo despertó para ir al cole, le dijo Nacho: 'No quiero ir más al colegio. Bórrame'. La madre le contestó: 'Pero si ya no te puedo borrar, tienes que ir todos los días'. Nacho, con cara de asombro, preguntó: '¿Es que me habéis apuntado con boli?'

Manuel 5 años
En la escuela infantil a la que va Manuel también hay bebés. Un día estaba mirando cómo uno de 10 meses pasaba las páginas de un cuento mientras balbuceaba sin parar, y le dijo a su profesora: 'No me gusta nada cuando lee en inglés'

Hugo, 5 años
Alan iba con su madre en el metro cuando subió un chico negro. Alan miró a su madre y le dijo emocionado: 'Mira, mamá, ¿quién es?'. Su madre le contestó 'No sé, Alan'. Pero él insistió: 'Que sí, mamá, ¿quién es?'. Alan, al ver que su madre no contestaba, le dijo gritando '¡¡Mamá!! ¡¡¡El rey Baltasar!!!'

Marta 3 años
Una noche, mientras todos dormían, Marta se acercó a la cama de su madre y le dijo: 'Mamá, mamá he hecho pis, pero no he tirado de la cadena para no despertarte, ¿vale?'

Claudia 4 años
El padre de Claudia se agachó para atarle los zapatos, y la niña, al verle la coronilla sin pelo, exclamó: '¡Papá, tienes carne en la cabeza!'

Daniel 5 años
Daniel estaba demostrándole a su madre que ya sabía deletrear palabras, como 'veterinario', así que empezó a decir: B, E, T. Su madre le corrigió: 'No, Daniel, B no, V'. Y el niño respondió'¡Sí, hombre, uveterinario va a ser!'

Isaac 4 años
Isaac iba corriendo, tropezó con su hermanita y la tiró al suelo. Su madre le dijo: 'Isaac, ¿qué le tienes que decir a tu hermana?'. E Isaac respondió: 'Que se aparte'

David 5 años
Un día les dijo a sus padres: 'Y vosotros, cuando yo tenga novia, ¿dónde vais a vivir?'

Pedro 4 años

Hace un par de meses decidieron hacerle el carné de identidad. Cuando su madre se lo enseñó a Pedro y le dijo que era su carné, él dijo: 'Ay, qué bien, ahora ya puedo conducir'

Locos bajitos, que cantaba Joan Manuel Serrat.

miércoles 1 de julio de 2009

Eterno Peter Pan

En 1950 Billy Wilder rodó una obra maestra. Ya lo había hecho antes con Perdición y lo volvería a hacer más tarde con El apartamento, pero en 1950 Wilder alcanzó una de sus cimas como director y guionista con El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard en el original, que es un paseo de la ciudad de Los Ángeles).

En esta película –donde la protagonista Norma Desmond vive aislada en un viejo caserón con la única compañía de su fiel criado Max– Wilder realiza una crítica venenosa a los excesos del mundo del espectáculo y reflexiona sobre el paso del tiempo, los egos inmensos y el desesperado intento de recuperar el esplendor perdido.



Su protagonista fue la estrella del cine mudo Gloria Swanson, reina sin corona de la Paramount y amante de Joseph Kennedy, el padre del presidente JFK, también aficionado a las actrices, pero más bien rubias.

Todo esto me ha venido a la cabeza al conocer el desgraciado final de Michael Jackson, que ha muerto en Los Ángeles solo y demente. Vaya por delante que nunca ha sido santo de mi devoción, aunque recuerdo con agrado el impacto de su video Thriller y las miles de veces que se pudo oír la canción en la radio. Yo tenía 11 años, Jackson apenas 24.

La historia posterior es bien conocida, más en estos días agitados en los que se van conociendo espeluznantes detalles del estado físico del artista. Al parecer pesaba 51 kilogramos, estaba calvo y esquelético, atiborrado de pastillas y con cicatrices de trece operaciones estéticas. Por lo menos trece

Vivía solo, como la Norma Desmond de Billy Wilder, y había cambiado al mayordomo por un médico que le facilitaba todo tipo de fármacos para las dolencias que dicen que tenía. Es muy posible que, como otras estrellas, Jackson fuese un enfermo imaginario, víctima de sus delirios, de sus manías y, quizá, de sus perversiones, las mismas que han sido aireadas hasta la náusea.

Sin embargo, Michael Jackson hacía tiempo que estaba muerto. Lo fueron matando entre todos desde que siendo niño se convirtió en una máquina de hacer dinero. Primero con sus hermanos y más tarde en solitario. Hasta tal punto fue rico que llegó a tener un patrimonio de 1.500 millones de dólares, pero deja deudas por casi 400.

Lo mató su padre, Joe, que le robó la infancia en jornadas agotadoras de grabación y giras. Lo mató la discográfica Motown, que le exprimió como un limón. Lo mató la madre de sus dos hijos mayores, la misma que ahora dice que no son de Jackson, si no de un donante anónimo. “Me inseminaron como a una yegua” ha confesado con una crudeza despiadada.

Le mataron también sus hermanos, los mismos que no se hablaban con él, y también algunos de los niños que vivían con él en el rancho Neverland. Rectifico: los padres de esos niños, los mismos que le demandaban por pederastia y que después llegaban a acuerdos extrajudiciales multimillonarios y se “olvidaban” de su deseo de verle entre rejas. Por ejemplo, la familia de Jordan Chandler, que recibió 22 millones de dólares en 1993 después de filtrar a la prensa que Jackson abusó de él. Fue el primer escándalo y el inicio de un declive concretado en su adicción a los calmantes. Esta semana, con el rey del pop ya muerto, Jordan Chandler ha confesado “Michael Jackson no me hizo nada malo, todo fueron mentiras de mi padre para escapar de la pobreza”.

Y él mismo se mató. También él. Eterno Peter Pan incapaz de crecer, de madurar, de asumir que era negro y millonario y mortal. Rodeado de una corte de aduladores que le han llevado a la tumba. Descanse en paz.


jueves 25 de junio de 2009

Paradójica Lisboa

Lisboa no es capital de Portugal, es capital de las paradojas. De Portugal también, pero así es la vida: extravagante.

La contradicción lisboeta está en ser una ciudad mediterránea asomada al Atlántico, una urbe en la que su primavera es ya verano. También su cronista y poeta fue uno y muchos a la vez. Porque Pessoa se apellida Caeiro, Reis, Soares, todos heterónimos heterodoxos y todos pensados en inglés, lengua principal del principal autor portugués del siglo XX. Las perplejidades son así.

Algunas de las sinrazones de Lisboa son divertidas. La última la vi hace unos días al pasear por el parque de Eduardo VII y, desde las alturas, descubrir que el ejemplo máximo de hombre ilustrado, el despótico Marqués de Pombal, le da la espalda a los libros… a todos los libros que dormían la siesta en su feria anual, prima hermana de la que se celebra en Madrid, también en un retirado parque.

Lisboa una y diversa, es blanca y negra y china. En sus calles se confunden pobladores de las tierras de ultramar (Angola, Macao, Brasil) con aristócratas viejos y monárquicos, casi los mismos que vieron caer al rey en 1910.

Así que el aire que se respira es europeo, pero también criollo y colonial. Por eso la modernidad de Las Docas, en la ribera del Tajo, convive sin remordimientos con la miseria africana de los arrabales del castillo de San Jorge, muy cerca de la primera casa que tuvieron los jesuitas en el mundo. Ese regalo se lo hizo el rey Joao III, el mismo que reclamó a Francisco Javier para evangelizar en el oriente portugués.

Lisboa es vieja, viejísima. Casi tanto como Atenas y mucho que más que Roma, unos cuatro siglos. Lisboa la fundaron los fenicios y, tras ellos, todo el mundo asentó allí sus reales. Cartagineses, romanos, suevos, musulmanes, españoles y hasta ingleses bebedores de oporto. Todos amaron el inigualable paisaje del Tajo rindiéndose al Atlántico, el suave discurrir de las tardes alfacinhas viendo al sol, fugitivo, emigrar con rumbo americano.

Lisboa son las palmeras de piedra de Los Jerónimos y el acero del puente Vasco da Gama. También las naos que partían hacia la nada, que era todo: los nuevos mundos orientales, los reinos ignotos, las mujeres bellas y el oro, siempre el oro. Lisboa eran las especias de las Molucas y la seda china, los esclavos de Mozambique y el bacalao de Terranova, el tiempo detenido en la Torre de Belém y también los eléctricos, rojos o amarillos, siempre jadeantes, que se despiden a paso lento y, por eso mismo, humano.

Lisboa es, en fin, el llanto desgarrado del fado y la saudade manuelina que fluye con la sabiduría añeja del que ya no tiene nada por vivir. En todo ello se reconoce la ciudad, señora de los mares durante siglos, y hoy venerable anciana que intenta recuperar su esplendor, aunque sea por un momento, con las nuevas obras de arquitectos modernos.

Pero sobre todo Lisboa es, la paradoja, el contrasentido, la incongruencia del que quiere y no puede y vuelve a intentarlo hasta que la derrota, fiel compañera, se instala en el alma y ya todo importa poco. Más bien nada.

O quizá no. Quizá todo lo anterior sean lugares comunes. A lo mejor todo lo dicho son liberdades poéticas, otra manera de entender la existencia, un camino apasionado y diagonal en el que todo tiene su tiempo y su lugar.

Paradójica Lisboa con alma navegante.

martes 16 de junio de 2009

Cher Ami

Cher Ami, (en francés querido amigo) , fue una paloma mensajera perteneciente al ejercito de los Estados Unidos. Su acción ayudó a salvar el batallón de la 77 ª división americana, en la batalla de Argonne, durante la 1ª Guerra Mundial.

Aproximadamente 554 soldados americanos fueron aislados por las fuerzas alemanas en octubre de 1918.
Durante días los hombres aguantaron el ataque enemigo martilleados por el fuego enemigo. La rápida disminución de las fuerzas y suministros pronto provocó una situación desesperada porque las bajas iban en aumento y nadie sabía su localización.

En esa tesitura las palomas eran el única esperanza. Entonces un oficial de comunicaciones de los EEUU asignó a Cher Ami la peligrosa tarea de cruzar las fuerzas enemigas con un mensaje para los mandos de la Alianza.

La paloma recibió disparos enemigos que le mutilaron una pata, pero logró volar treinta kilómetros hasta el puesto de mando para entregar su mensaje. Como resultado de ello, el batallón fue localizado y finalmente rescatado.
Alrededor de 200 soldados murieron en esa acción de guerra, otros 150 desaparecieron o fueron hechos prisioneros, pero los restantes 194 se salvaron gracias al aviso de la paloma Cher Ami, que más tarde fue distinguida por Francia con la “Croix de Guerre “ por su heroísmo.

Al morir en 1919 sus restos fueron cenviados a la Smithsonian Institution, en Washington DC, donde reposan en una urna junto a la parte de historia de los EEUU en la gran guerra europea.

El próximo 19 de junio se estrena en España la pelicula de animación Cher Ami. Lo interesante del film es que una parte del diseño se ha realizado en la productora de Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, Euroview, y en ella han trabajo una treintena de alumnos de licenciatura a las órdenes de los profesores Carlos Bernar y Quim Torrents.

El resultado es una una entrañable película de aventuras y humor dirigida especialmente al público infantil y familiar. Una historia épica de valor y amistad en la que uno se pregunta quién es más valiente, el que sigue la corriente de los acontecimientos o el que se enfrenta a ellos siguiendo su propio criterio.

Con la intención de que los más pequeños se diviertan y, a la vez, se hagan estas preguntas, la película cuenta una historia de aventuras protagonizada por los animales de una granja situada en los bosques de Francia.

Este marco histórico sirve para contar, de una forma divertida, una historia coral en la que se reflejan multitud de facetas humanas y en la que el público pasará un rato entretenido de cine familiar.

Ya sabe, el viernes que viene en los mejores cines.

sábado 13 de junio de 2009

El ejemplo arrastra

Le "robo" este video a Eureka de su blog, que es diferente, que es sugerente. Los niños ven, los niños imitan.